🪷🌿✨️🤍 Qué ver en Ritigala, Sri Lanka.
En Sri Lanka hay una montaña medicinal con una fuerte energía mística, bella, espiritual, misteriosa incluso. Se sitúa algo más al sur de Mihintale, donde conocí los orígenes del budismo en Sri Lanka, pero está inmersa todavía en lo que se considera la provincia norte-central. Inmersa es la palabra. Rodeada, envuelta por una naturaleza selvática y enigmática en una zona muy protegida, con especies que no se pueden ver en ningún otro sitio de la isla. Se trata de las ruinas del complejo monástico de Ritigala, construidas aproximadamente en el siglo cuarto a. C., situadas en el corazón de una reserva natural.
La espesa jungla rodea las ruinas, a las que se accede a través de una larga caminata monte arriba. Restos de un palacio, la estructura de un estanque artificial o el hospital de medicina ayurveda de lo que fue el monasterio son algunas de las más de 140 edificaciones y estructuras que pueden verse, al menos lo que queda de ellas. El acceso no es fácil, los escalones de piedra son muy irregulares en varios tramos y la cima de la colina, de 766 metros, queda lejos. Pero, de todos modos, llegar a la cima no es posible porque esa zona está restringida. En ella se cultivan plantas medicinales usadas todavía hoy en la medicina ayurvédica. Y, precisamente, ese área protegida da nombre a todo el complejo: Ritigala, donde riti significa medicina y gala, roca. Así, el significado del nombre sería ‘montaña medicinal’. ¿No es precioso?
En Ritigala tuve la sensación de haber encogido de tamaño y estar en una película: los árboles son enormes y se cree que algunos de ellos tienen más de mil años, con raíces sinuosas
sobre las que te puedes tumbar. Y las rocas que entrecierran las sendas parecen canicas con las que juegan los gigantes. Se pueden ver también restos de estopas budistas y otras dependencias de los monjes budistas, conectadas con caminos de piedra que se usaban para meditar y que se internan en el espesor de la jungla srilankesa. Algunos miradores de piedra se asoman como terrazas y la vista te deja sin aliento: un manto verde que se extiende hasta donde abarca la vista.
En esta zona, además, hay pequeñas cabañas en los árboles que sirven para vigilar a los elefantes salvajes en época de la cosecha de arroz, fundamental para Sri Lanka. No los matan (menos mal...), pero sí les lanzan pequeñas varas de fuego o, sencillamente, gritos, para que no se coman la cosecha.
El área de Ritigala es especial no solo por sus fórmulas ayurvédicas secretas, sus ruinas, sus áreas restringidas y su naturaleza sino que también cuenta con un arte marcial
exclusivo de la zona. Ritigala es muy tradicional y su población tiende a preservar mucho sus tradiciones. Por todo esto, la Unesco está estudiando proteger este área de Sri Lanka. El día que estuvimos allí pudimos ver a docenas de trabajadores extrayendo lentamente, solo con ayuda de palas, barreños y pequeñas carretillas, enormes cantidades de tierra y lodo. ¿Qué estaban desenterrando? Más ruinas. Edificios enteros. El ritmo era lento y el estrés, inexistente. Nos preguntamos cuánto tardarán en sacar a la luz todo el complejo monástico milenario que reposa en silencio bajo toneladas de tierra. No parecía importarles.
Por si fuera poco, en Ritigala hay más de setenta cuevas donde los monjes practiban el ascetismo. Una historia interesante sobre sus ropajes es que no siempre han sido color azafrán. Nuestro guía, Karnal, nos contó que los antiguos monjes budistas iban de blanco, pero las telas de este color se usaban también para envolver a los cuerpos sin vida en el río. Para lavar y desinfectar las telas después, se sumergían en una mezcla de azafrán y agua, y, una vez secas, las usaban los monjes. Ya no eran blancas, sino que se habían quedado teñidas de ese característico color anaranjado. Pese a esto, todavía se puede ver a bastantes monjes budistas con el hábito blanco.
Y para recuperar fuerzas tras el ascenso-descenso a Ritigala, junto a la carretera se venden cocos frescos. Allí mismo te lo preparan y te bebes el agua (¡no hay nada como ese agua de coco!) y, después, te lo abren para que te comas la carne de
coco, todavía tierna. Así que... ¿visitar Ritigala? Sí, sí, sí. Es mágico, enigmático, ancestral. Salvaje, verde y sagrado. Y ayuda a entender mejor ese país increíble que es Sri Lanka. Así que si visitáis la isla, no podéis dejar de dedicar un día a recorrer este complejo monástico escondido en la jungla.
Anna
Información práctica para visitar Ritigala:
¿Cómo llegar a Ritigala? No llega el trasnporte público. Sí se puede llegar a Ritigala en tuk tuk desde Sigiriya, Habarana o Anuradhapura. Cerrad el precio antes o usad la aplicación Pickme de Sri Lanka que os comenté en este artículo. Otra opción es en taxi y que igualmente lo podéis coger por la aplicación.
Ropa cómoda, calzado de senderismo/caminata indispensable, agua y tiempo.
Se puede acceder a las ruinas de Ritigala de 6 de la mañana a las 18. No hay web oficial del complejo monástico, pero intentad confirmar el horario antes.
En la zona de aparcamiento (en medio de la selva, es una explanada de tierra prensada), hay unos baños y son los únicos. Recordad llevar siempre algo de dinero suelto para las personas que los cuidan. No están para nada cuidados ni limpios, ya os lo advierto.
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