1 de marzo de 2026

De Negombo a Anuradhapura, la ciudad milenaria y sagrada de Sri Lanka. Inicio de la ruta de dos semanas en la isla

Durante el tercer día en Negombo me reuní con el resto de personas con las que iba a viajar las dos semanas siguientes. Juntas, con Ambica Deva como organizadora y profesora de yoga y con Karnal como guía local durante el viaje, íbamos a hacer una ruta por la isla durante dos semanas. Este viaje cultural y espiritual empezaba en Negombo y acabaría en el sur, en Weligama.

Reencuentro con Carmen, éramos vecinas en la adolescencia.
El primer día comimos juntos en la playa, en un restaurante junto a la arena, así que después pudimos dar un paseo por la playa de Negombo de la que os hablo en este artículo. Estaba llena de gente local que pasaba el domingo allí y se les podía ver en grupos de familiares y amigos escuchando música, hablando animadamente o remojando los pies. Esa tarde fuimos a cambiar euros por rupias srilankesas y quien quiso también se compró una tarjeta sim para poder tener internet. Son muy baratas y sencillísimas de instalar. La jornada se acabó con la primera de sesión de yoga y meditación, cena en el jardín y muchas charlas para conocernos. 
Con Joel y Blanca, de Barcelona, y Carmen en la playa de Negombo

Al día siguiente, y después de hacer una sesión de yoga al amanecer con el grupo, desayunamos y empezamos el viaje hacia el interior de la isla. También fue un viaje hacia nuestro interior. Allí nos juntamos once personas bien diferentes llegadas de Alicante, Barcelona, Andalucía o Londres, cada una con sus procesos y un punto vital determinado. Pero unidas en un espacio común: Sri Lanka. Desde el principio la energía entre nosotros fluyó con facilidad y se crearon lazos maravillosos. 

Con Carmen, Joana, Rosa y Jorge, en un descanso en el estanque de Periyavillu, en Puttalam, a dos horas al norte de Negombo

Primer destino: la ciudad sagrada de Anuradhapura, con bosques y amplios jardines así como numerosas estupas (dagobas), torres y otras edificaciones de más de 2.000 años de historia. Con más de 4.000 hectáreas, Anuradhapura fue capital de Sri Lanka en 380 a.C. y hoy es Patrimonio Mundial por la Unesco. Se necesitan un par de días para visitarla y disfrutarla con calma, absorbiendo la especial energía mística y espiritual que desprende.

Ruwanwelisaya dagoba, construida en el 140 a.C., rodeada por los jardines de Anuradhapura. A la derecha, la bandera budista

En Anuradhapura hay varios puntos
que son, me parece, imperdibles. La Ruwanwelisaya dagoba te deja, sencillamente, sin palabras. Es uno de los lugares sagrados para los budistas y destaca su estructura completamente blanca. La altura actual es de 55 metros (no hay consenso en esta cifra), pero llegó a ser muy superior antes de ser restaurada. Recorrer su perímetro permite ver la importancia espiritual del lugar, con numerosas personas meditando en silencio, vestidos con ropas blancas. Los fieles también realizan sus rituales dando vueltas a la estupa, recitando mantras y ofreciendo flores frescas, inciensos o ropajes para los monjes budistas. 

Otra dagoba monumental es la de Jetavanarama, realizada con nada menos que unos 90 millones de lladrillos rojos, suficientes para construir un muro de 3m de altura entre Londres y Edimburgo. Es la dagoba más alta del mundo. Fuimos ya durante el atardecer y el ambiente era tranquilo y mágico, muy meditativo. Puede parecer exagerada la cifra de ladrillos, pero cuando estás allí el tamaño de esta estupa es realmente monumental y los ladrillos se ven minúsculos. Ya se sabe que un grano de arena por sí solo puede parecer insignificante... pero junto con otros millones de granitos puede llegar a formar un desierto.

Las estupas principales de Anuradhapura: Ruwanwelisaya, y la de Jetavanarama, realizada con más de 90 millones de ladrillos rojos

El árbol Bodhi en su terraza superior
Pero el enclave que más me emocionó de Anuradhapura fue, sin duda, el Sri Maha Bodhi, el árbol Bodhi sagrado, corazón espiritual de todo el complejo. Creció a partir de un esqueje traído de la India hace más de 2.300 años, por lo que es considerado como uno de los árboles más antiguos del mundo. Además, se cree que ese esqueje proviene nada menos que del árbol bajo el que Siddhartha Gautama, Buda, alcanzó la iluminación, por lo que es venerado y protegido. 

Este árbol está situado en una terraza de unos seis metros, rodeado por otros árboles más pequeños y terrazas secundarias. No se puede acceder a él, pero sí verlo y caminar alrededor de este pequeño edificio blanco creado para preservarlo y al que se accede por unas bellas escaleras de piedra. Las ofrendas al árbol son continuas, normalmente en forma de flores frescas en sus altares, y también es constante ver a personas meditar o recitar sus plegarias en la base del Sri Maha Bodhi. 

Hay algo hipnótico casi en observarlos, en sentir su devoción. La energía es muy particular, mágica, y de forma natural invita al silencio y a detenerse. A escuchar y observar la belleza del árbol Bodhi y de todo lo que le rodea.  

Ofrendas de flores y bebidas en la base del árbol Bodhi
Tras dos días visitando Anuradhapura, con sus jardines y estupas, el árbol sagrado y otros muchos enclaves, y gracias también a las densas y profundas explicaciones de Karnal, la fuerza espiritual y energética de Sri Lanka ya se había instalado en nosotros.
Diferentes enclaves de la ciudad de Anuradhapura, como la escalinata de piedra que da acceso al árbol sagrado Sri Maha Bodhi

   






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