Mostrando entradas con la etiqueta Italia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Italia. Mostrar todas las entradas

18 de diciembre de 2025

Venecia siempre

Gran Canal de Venecia en agosto de 2015

Cogí el ordenador y la botella de agua y giré sobre mis pasos para caminar hacia la habitación del balcón e instalarme allí. Pero me quedé unos segundos, detenida, mirando la fotografía que tenía con mis chicas en Venecia, donde se veía, a nuestras espaldas, la punta de Fondamenta della Salute, al otro lado del Gran Canal. Qué belleza. Y qué increíble es la vida: era imposible imaginar en ese preciso momento que años después me volvería a hacer nuevas fotos en el mismo lugar pero viviendo otra vida y trabajando de algo muy distinto a lo que había hecho hasta ese momento. La imagen casi me dolió un poco. No veía el momento de volver a Venecia para vivir nuevas sensaciones y experiencias en ella.

20 de febrero de 2020

Taormina, Sicilia

Igual queda un poco mañido escribir esto como inicio, pero aterricé en el aeropuerto de Catania con una maleta llena de sueños y expectativas. Y me quedé corta: lo visto, aprendido y vivido durante aquellas semanas de periplo viajero fue extraordinario.

Y empecé por Italia... De Catania vi poco o nada y es algo que en algún punto del futuro tendré que solucionar y no solo porque sea la tierra natal de Battiato. En cualquier caso, esta ciudad fue para mí el punto de entrada a Sicilia y desde donde cogí el autobús a Taormina, al noroeste de la isla, donde estaría dos semanas.

Taormina, plaza IX aprile, con la playa de Giardini Naxos y el volcán Etna al fondo






Taormina. Preciosa, de difícil acceso, encantadora, cara, carismática, caótica, llena de turistas... pero también de momentos de calles desiertas (cualquier día entre semana a la hora del desayuno), y de zonas que quedan alejadas de las rutas establecidas.

Corso Umberto es la avenida que, desde Porta Messina, recorre la ciudad de punta a punta y, además, prácticamente la única más o menos recta. Es fácil desorientarse allí los primeros días ya que el resto de calles, callejuelas, pasajes y demás vías de todo tipo y tamaño se enmarañan y entremezclan con placitas, escaleras y recovecos en un desorden bellísimo.

Las fachadas son alegres, con tonalidades siena sobre todo pero también azules, malva o blancas. Y los balcones y salientes están adornados con plantas crasas colgantes y los tradicionales bustos sicilianos de cerámica.

25 de noviembre de 2012

Visita (del paladar) a Italia

¡Ayer tuve la sensación de estar en Italia! Y eso que sólo tuvimos que conducir hasta Tibi (Alicante). Ir a comer a casa de Carmen y Tomás es un festín gastronómico y ayer no fue para menos. Tuvimos la ocasión de saborear, para mi sorpresa, pasta fresca al huevo recién elaborada.

Los anfitriones nos esperaban con el fuego de leña encendido y que, gracias a una original chimenea con dos puertas, el fuego da a la cocina y al salón. Apoyadas en dos sillas de la cocina habían dispuesto un par de cañas de las que colgaban las láminas de pasta ovaladas y ya prensadas.

Sólo quedaba pasarlas por la maquinita mágica para darles forma. Y, por supuesto, allí estaba yo para darle a la manivela y ver ante mis ojos cómo aparecían unos perfectos tagliateles con borde serpenteante.

Deliciosos... ¡viva la pasta!



11 de enero de 2012

Roma. Museo al aire libre.





Estamos alojados en la Via dei Giubbonari, así que tenemos la Plaza Campo de Fiori a 1 minuto. La zona es genial. La calle es peatonal y está llena de pequeñas tiendas y comercios. Cada mañana hay mercadillo en la Plaza: fruta y verdura, ensaladas preparadas para comprarlas al granel, pasta (carísima), especias para pizzas a granel (caras) y algún puesto de camisetas y sudaderas. Nosotros compramos las especias en una tienda en la propia plaza. Salían más baratas que las del puesto del mercadillo y llevaban una etiqueta muy chula con la banderita de Italia.

Todo es suuuuuuper caro. La fruta y verdura, el doble; la leche, el doble. Lo único que es más barato que en España es el parmesano y la pasta buitoni, jeje.

Ese día, después de desayunar, lo dedicamos a ver el Foro romano y el Palatino. Llegamos paseando desde Via del Giubbonari, descubriendo casi en cualquier rincón columnas romanas, pequeñas iglesias y restos de la antigua romana. Roma es un auténtico museo al aire libre.
El Vittoriano o monumento a Víctor Manuel impresiona. A los romanos no les gusta, lo llaman "tarta de bodas" porque es gigantesco y blanco, y se puede ver desde casi toda la ciudad. Detrás de la mole blanca comienza el foro romano. Eso sí que te deja sin aliento. Con la guía en la mano vamos leyendo esto y aquello e imaginando la vida cotidiana de los antiguos romanos. Desde el foro se ve el Coliseo, pero eso nos toca mañana.


Vamos a comer al recomendado Montecarlo, un sitio ruidoso, con cola y con servicio ultra rápido. No nos sacan ni la carta. Te dicen con mucha prisa cuatro cosas y escoges, casi sin pensar. La recomendación es pizza (hasta en las guías) pero para error nuestro pedimos pasta. La carbonara está un poco seca y la pasta dura (no al dente, dura). Lo mío son raviolis con espinacas y están buenos. Pedimos también fritura clásica (bolas de mozarella, arroz, etc. Muy típicas de Roma) que pasan el aprobado justo. Otro día las probamos en el Trastévere y les pegaban mil patadas.

Por la tarde probamos el pimer gelatto italiano, mmmmmmmmm. El de pera está buenísimo. Pasamos por el Panteón. La plaza en la que está es preciosa (¿cuál no, en Roma?). Encima estamos en Navidad y todo está lleno de pequeñas bombillas que crean rincones románticos en cualquier sitio. Hace un frío que pela.

Primer intento de ver la Fontana di Trevi. Ni de casualidad. Hay cientos de personas que se dan bofetadas por hacerse una foto allí y el peligro de que te saquen un ojo por el lanzamiento de una moneda es alto. Así que nos vamos por patas. Ya volveremos.

Roma. Llegada y toma de contacto.



29 de diciembre de 2011.

Llegamos a Roma directos desde el aeropuerto Ciampino. Como somos 5 hemos cogido un transfer que nos cuesta 50 euros. Se trata de una furgona negra, amplia, con las lunas tintadas..

Parecemos una familia de la jet set ;-)

Una vez en el apartamento (impresionante apartamento Residenza Giubbonari, escribiré la reseña en el apartado de Hoteles), bajamos a comprar la comida al Forno Roscioli. Lo tenemos a la vuelta de la esquina y nos lo acaba de recomendar Eduardo, el joven italiano que nos ha

enseñado el apartamento y nos ha explicado todo. Un italiano que nos recomienda la pizza y la comida de ese horno... ¡Eso hay que probarlo! Tienen web, donde podéis ver algunas fotos y también el restaurante que tienen a 2 minutos del horno.
Nos ponemos las botas. El sitio es para verlo. Docenas y docenas de tipos de pan, tartas, pasteles, comida italiana... Te lo puedes llevar o tomar allí. Y por supuesto, pizza. Son como de un metro de largo, ovaladas, y te cortan el trozo que quieras. Eduardo tenía razón: están BUENÍSIMAS ;-)
Por la tarde hacemos un largo paseo por el casco antiguo-histórico de Roma, que es donde estamos alojados. Primero bordeamos el río y luego volvemos serpenteando las callejuelas. Nos dejamos caer por Piazza Navona, donde al ser Navidad contemplamos un feo mercadillo tipo feria española. 


¡Con lo bonita que es la plaza!