11 de enero de 2012

Carcassone. Viaje por el Canal du Midi.

El barco para navegar por el Canal de Midi lo cogemos en Bram, y antes nos dirigimos a Carcassone, que está a una media hora, para aprovechar y visitar esta villa medieval.

Se trata de una ciudad que conserva su antigua zona medievalcompletamente amurallada. Sus callejuelas son estrechas, empedradas y muy cuidadas. Las casas de piedra y madera, los balcones con flores, la plaza, la iglesia… todo está en buen estado y realmente te adentras en otra época. Lo primero que llama la atención es la muralla y sus torres. ¡En total hay 3 kilómetros de muralla y nada menos que 52 torres! Para entrar a la ciudad amurallada pasas por un puente sobre el foso donde la gente se agolpa para hacerse la primera foto. La Basílica Saint Nazaire es oscura y algo tenebrosa y se construyó entre los siglos XI y XIV. Pero como todo, está en buen estado. Su entrada, así como a la ciudad medieval, es gratis.





¿Algo negativo? La cantidad de turistas que hay. Su proximidad al Canal du Midi y su condición de ciudad medieval hacen que sea un reclamo turístico muy fuerte. No en vano Carcassone está plagado de tiendas. 

Algunos de losrecuerdos que nos podemos llevar de Carcassone son carteles metálicos con publicidad antigua. Los hay en muchos de los establecimientos e incluso hay una pequeña tienda que sólo ofrece este producto. También hay por todas partes láminas de publicidad antiguas o con dibujos Art Decó, modernistas, etc. Las tiendas de decoración de estilo campiña francesa son otros de los atractivos para aquellos a los que les gusta ir de tiendas en general y la decoración en particular: relojes de pared, portafotos, mantelerías bordadas, candelabros, etc.



Y para los golosos también hay un sitio imprescindible en la RueCrosMayrevieille lleno hasta arriba de bombones, galletas y chocolates envueltos en cajas metálicas chulísimas. ¡Y hay degustación!
Carcassone está a tope de restaurantes. Hay que tener en cuenta el horario: allí la gente está comiendo a las 12:30, así que hay que cambiar el chip y olvidarse de ir a comer como los domingos en Spain. A media mañana nos hicimos una cerveza o refresco (según las preferencias de cada uno) en un sitio bonito, con un patio con árboles muy grandes pero con un camarero pelín guarrete. Primero se metió un poco con nosotros porque no incluíamos en todas las frases los consabidos “s’il te plaîd” y “merci”, pero después nos puso los cubitos cogiéndolos con los dedos. Si añadimos que sus uñas estaban de luto pues… ¡Bbbbrrrrrrrr! 
Salimos de la ciudad amurallada para ir a comer a otro sitio que ya conocíamos. Se trata del hotel Des tres couronnes, que tiene un restaurante justo enfrente, al aire libre (con toldos) y junto al río Aude. Comimos fenomenal y bien de precio y con unas vistas estupendas de las murallas y las torres. Para llegar hay que cruzar el río por alguno de los puentes (Vieux o Neuf) y el hotel está en la calle Rue des 3 couronnes.

Tras la comilona y con un poco de modorra nos fuimos hacia los coches para conducir hasta Bram, donde nos esperaba nuestro barco.

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