11 de enero de 2012

La Azohía


En octubre, nuestros amigos Paco y Maite, esos parientes de Gandalf el Gris (o el blanco), nos dijeron: "Haced la maleta que el fin de semana que viene os llevamos a un sitio sorpresa". Nos recogieron en casa y nos fuimos hacia el sur de Alicante. Llegó un momento, ya en Murcia, que nos salimos de la autovía y empezamos a circular por carreteras comarcales que atravesaban serpenteantes parajes ocres y dejaban atrás minúsculos pueblos que parecían dar la espalda al resto del mundo. "¿Dónde nos llevarán?".

Al fin, el mar otra vez. Nuestro destino era La Azohía, un pequeño paraíso con playa SIN TOCAR, sin apartamentos, ni aglomeración, ni arena traída de nosedónde, ni playa ensanchada artificialmente. Una hilera de casas bajas, como de pescadores, están en primera linea del mar. Incluso hay un montón de terreno libre frente al mar. Un par de bares y un kiosco de helados en la arena. Palmeras, la arena oscura y el mar.

A mi esto me recuerda a las playas de cuando yo era pequeña, con una arena más oscura que la de ahora, casi pegajosa y en la que te podías encontrar pequeños tesoros como conchitas sin abrir, mini caracolas o piedritas de colores.

La Azohía existe pero ssshhhhhhh!, que la voz no se corra, no sea cosa que lo descubran los de los apartamentos y los guiris de chancla y calcetín.


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